Literatura oral y transmisión en el Sahara

Bahia Mahmud Awah

Escritor y poeta saharaui

El carácter nómada del pueblo sahariano ha ido configurando a lo largo de la historia una tradición literaria basada en la oralidad. La poesía y la narrativa se transmiten a través de las generaciones, y pocas veces han quedado trazas escritas de los poemas o cuentos. Para facilitar este proceso de transmisión, la música, el ritmo o la recitación siempre han desempeñado un papel fundamental en la literatura saharaui. Por ello, podemos utilizar el término “gama”, generalmente asociado a la escala musical, para hablar de género literario. La riqueza de este patrimonio oral en lengua hasania, una variante del árabe con una identidad muy peculiar, evidencia también su fragilidad, ya que sólo la memoria del pueblo saharaui puede preservar su literatura.

“La poesía y narrativa saharaui se transmiten de manera oral, de modo que, al repetirse, desarrollan la capacidad nemónica de aquellos que aprenden las suras del Corán, las rutas de las estrellas, los usos medicinales de las plantas, los nombres de por lo menos siete ascendentes masculinos de su familia para establecer los lazos de parentesco, y todas las obligaciones que éstos conllevan, con las demás personas”.

Francesca Gargallo


La saharaui es una sociedad beduina enraizada durante siglos en una vida nómada en busca de la nube que traiga pastos y bienestar a una comunidad en la que el poeta es el máximo exponente de la tradición oral[1]. El carácter eminentemente nómada de la sociedad saharaui, estudiado por el antropólogo Julio Caro Baroja en su tratado Estudios saharianos, ha determinado que la tradición cultural saharaui fuera casi en su totalidad oral, al tratarse de una sociedad no sedentaria que apenas conoce núcleos urbanos: “Los representantes más caracterizados son los nómadas del desierto, que en algunos escritos franceses son denominados grands nomades, para distinguirlos de los petits nomades, los semi-nomades montagnards y los sédentaires, que nuestros vecinos [franceses] hallan en Marruecos y otras partes adonde los han llevado sus empresas coloniales africanas. En líneas generales, esta división también sirve para establecer diferencias de tipo económico y cultural entre los pueblos comprendidos en la franja que va desde el territorio de Ifni hasta el extremo sur de la Colonia de Río de Oro”[2].

La cultura saharaui sienta sus bases en la memoria de sus habitantes más que en obras escritas, aunque algunos sabios dejaron para la historia del Sahara varios libros fundamentales. Tal es el caso de eruditos como Chej Mohamed El Mami y su obra Kitab el-badia [El libro de la abadía], un tratado sociológico de la sociedad sahariana en la primera mitad del siglo XIX, o Chej Ma Elainin, autor de más de trescientas obras e impulsor de la biblioteca de la ciudad santa saharaui de Smara. La mencionada biblioteca, que contenía más de 5.000 volúmenes, fue vilmente saqueada y quemada por el coronel francés Mouret en 1913.

La poesía es la verdadera base de la oralidad saharaui. “Si de repente se preguntase a un saharaui sobre poesía, lo más seguro es que a su mente no acudiera el título de ningún libro de versos o poema. Sin embargo, es muy probable que pudiera citar los nombres de los poetas más conocidos, e incluso podría recitar varios versos de memoria. Y es que la poesía tradicional saharaui en hasania, lengua de los saharauis, sigue siendo oral, a pesar de que en los últimos años se haya intentado escribir y archivar para evitar que algún día desaparezca con sus propios autores. La poesía, ajena a cualquier influencia externa, continúa su viaje en su tradicional vehículo, es decir, de boca en boca y anidando en la prodigiosa memoria de vates, cantores y amantes de la poesía”[3].

Así, cabe reflexionar sobre ciertos factores que han determinado esta cultura y a sus habitantes, diferenciándolos del resto de pueblos de la zona, como los vecinos pueblos magrebíes. Y es que, si hace treinta años se preguntara a un saharaui si había leído o visto un libro de cualquier género literario a excepción de la poesía, lo más seguro es que dijera que no. El legado cultural saharaui bebe de la propia memoria de sus habitantes y ha sido conservado durante siglos a través de los saharauis, que se convirtieron en auténticas enciclopedias humanas, transmisores de la poesía, la narrativa, la historia, los proverbios y adagios, la medicina verde, el conocimiento de las plantas, la astronomía o los accidentes geográficos del territorio.

La variante árabe dialectal de los saharauis, el hasania, hablado y escrito en el territorio, de excepcional literatura prácticamente oral, es completamente diferente de las variantes de otras culturas árabes. Además del idioma y la literatura, otros elementos antropológicos y sociales que diferencian a los saharauis de otros pueblos de la zona son la idiosincrasia y la forma de vida, desvinculada del sedentarismo, con un medio geográfico y humano característico, razón de la existencia de una identidad peculiar propia. Estos elementos condujeron y consolidaron significativamente la identidad del pueblo saharaui, llamado Ahel Esahel, término en hasania que se refiere a su situación geográfica y social en el litoral oeste del continente africano.

La poesía de tradición oral constituye el valor de identidad cultural más importante de los saharauis. Uld Emreizig, errante poeta beduino del siglo XIX, uno de los grandes clásicos de la literatura beduina hasaniana, dejó constatada con precisión la inconfundible identidad saharaui en sus versos, escritos en hasania. Para ello, utilizó incuestionables ingredientes antropológicos, sociales y culturales, como los accidentes geográficos de la tierra, la flora, la fauna, la riqueza en el vocablo o el genio y la vinculación de la personalidad del nómada a su entorno geográfico:

عيشتى فساحل بطيش والبن والتمر اورك النيش بالق الكمح ودهن اريش وافاك المزاززي

اولا انصيف عايش بلعيش كيف ذناس الكبلي

اولا انشرك شور الوديان وانبك حكاك النبان وادرار الاحرث اجمال نوكلو ريظات اعفي

ومكيم البل للمطلان وافتاسا والعركي

En el Sahara mi vida es un gozo,

leche, dátiles y flores de anish[4].

Tengo abundante cebada,

manteca de aves,

y olor de afaag el mazazia.

No paso mi verano comiendo elaish[5]

como esa gente del sur,

y tampoco busco los ríos del Este

teniendo enbig[6] rozando mis colmillos

y el Adraar[7] arado por dromedarios.

Como frescas y tiernas hierbas,

errando con mis dromedarios

hacia El Mutlan, Aftasa y El Erguia.

El poeta saharaui Beibuh (Guelta, 1928) afirma que la cabalidad y exactitud de los conocimientos de Uld Emreizig al tratar la tierra, la gente, la flora y la fauna en este poema es más que suficiente para identificar la cultura oral saharaui y diferenciarla con respecto a otras. En el quinto verso del poema, Uld Emreizig, al usar los vocablos afaag y el mazazia, despeja cualquier intento de relacionar la literatura saharaui con las literaturas marroquí, tunecina, argelina o de otros pueblos árabes, con la excepción del pueblo vecino de Mauritania.

Afaag es el orín del dromedario,de olor incluso agradable al tomarlo de las plantas con que se alimentan los animales. Y el mazazia es la denominación que se da a una apreciada raza de hembra de dromedario. En la cultura saharaui la palabra elboul, orina, es un vocablo que debe evitarse por respeto ante los mayores, ya que se refiere a la de los humanos. Sin embargo, los equivalentes para los dromedarios son afaag y lebaar, el excremento, términos de uso exclusivo en el vocabulario de hasania para referirse a estos venerados animales del desierto, que no rompen las buenas formas en la conversación.

La memoria de los pueblos anida eternamente en la poesía y, en ella, los pueblos confirman su identidad. La poesía saharaui en hasania es amplia, extensa, deleitable y compleja: consta de siete géneros distintos para componer, recitar y cantar, frente a los dos grandes géneros literarios en las lenguas latinas, la épica y la lírica. Mantiene un estricto protocolo literario que acatan fielmente poetas, narradores y cantautores, regla que sostiene las bases principales en las que los poetas se inspiran, componen, recitan, deleitan al oyente y construyen su repertorio con su inevitable periplo artístico en cada ebhar (género de la literatura en hasania).

Los géneros literarios se denominan en hasania lebhur, plural de ebhar. Literalmente se pueden traducir como diferentes mares navegables de literatura. Constituyen siete gamas que establecen las reglas para hacer literatura, y cada una posee sus propias divisiones. El término “gama” pone de manifiesto la estrecha vinculación entre música y poesía: se recita el poema, que a continuación puede ser cantado o acompañado por música. Las siete gamas se denominan ntamas, fagu,seinicar, lebueir eliyin, esgayir, lebteit y ebnu uahib.

Los clásicos poetas saharauis siempre han estado ligados a su entorno social, geográfico y cultural. La memoria se cobija en la literatura y, si la desempolvamos, nos dará muchas sorpresas. En estos versos en hasania el poeta saharaui, ante la lejanía de su tierra, quiere expresar que su estancia en otra región fuera del Sahara no fue de su agrado, y recuerda que no cambiaría su hábitat por aquella geografía en la que, por diversas circunstancias, se había establecido temporalmente. Así, el poeta sentencia su apego a la tierra saharaui:

عنذو لعلاب  ؤذسبوع           وعنذو  لكسر واكلاب

نختير انشوف اسبوع         بواعليب ونشوف اعلاب

De estas dunas de esta semana,

y de este oasis y sus perros

me quedo con la semana[8]

de Bu Aleiba y sus portentosas dunas.

Bu Aleiba es un admirado monte con una larga historia entre los habitantes nómadas del Tiris saharaui, lugar de acampadas de los frig (grupos de jaimas nómadas)donde siempre ha habido mucha vida, carreras de dromedarios e historias de amor que florecieron a sus pies. Está situado a pocos kilómetros de los míticos cerros de Leyuad, en Tiris sur, tierra de leyendas evocada por muchos clásicos de la literatura en hasania.

En la poesía saharaui en hasania no es habitual poner título a los poemas, los cuales, sin embargo, sí tienen autor conocido, incluso los más antiguos que se conservan. En cambio, la narrativa oral, compuesta casi en su totalidad por cuentos, es anónima. Los cuentos en la sociedad saharaui se transmiten sobre todo en familia, fundamentalmente de abuelos a nietos. Uno de los momentos preferidos para contar estas historias es por la noche antes de acostarse, como una manera de que los niños puedan dormir dulcemente. Al día siguiente comentan con sus amigos los cuentos que han aprendido por la noche. En la época de la sociedad beduina saharaui, los niños se dedicaban al pastoreo por las mañanas. Mientras los animales pastaban, se reunían con su grupo de amigos en torno al que sabía más historias, y éste las contaba a los demás. Así se han transmitido los cuentos, el pilar de la narrativa saharaui hasta nuestros días, a través de los años. Hoy en día, en las jaimas saharauis se siguen transmitiendo estos cuentos en familia.

En la narrativa saharaui es característico que los animales hablen y tengan cualidades humanas. Los personajes más señalados son el ganfud  (erizo), el más listo de los animales; la lehbara (gallina del desierto, similar al avestruz, aunque más pequeña y voladora), un animal pacífico, mediador en los conflictos; el edib (chacal), engañoso, ladrón, astuto y muy amigo del ganfud; la enerab (liebre del desierto), débil y manipulada por los grandes; el edbaa (lobo), perteneciente a la banda que se inclina siempre a favor del sbaa, (león), el rey de los pequeños y grandes animales, despótico, que ejerce su poder empleando la fuerza.

Sin embargo, el personaje más conocido en la narrativa oral saharaui es el shertat. Se trata de un animal muy parecido al oso que, al igual que los demás, habla, tiene características humanas y se relaciona con los hunmanos. El shertat cae siempre en los más catastróficos errores a causa de su torpeza, sus malos modos y su glotonería. Se trata de defectos muy mal vistos en la sociedad saharaui, aunque en los cuentos causan mucha gracia. El shertat es un personaje al que se pone como ejemplo de lo que no se debe hacer. Los cuentos del shertat están tan arraigados en la sociedad saharaui que incluso se utilizan algunas frases de los mismos para criticar un determinado comportamiento no aceptado por la opinión pública. También se han creado expresiones de uso común a partir de frases de estos cuentos. Es el caso de Yama ainik ain enaya, que significa «Mamá, tus ojos parecen los ojos de una oveja», frase que hoy en día se utiliza para decir a alguien «Estás para comerte».

En la tierra de los saharauis, allí donde la cultura es conservada con fidelidad en la memoria del pueblo, donde las bibliotecas son humanas, cuando un anciano muere, muere con él una biblioteca.

Notas

[1] El título de este artículo está inspirado en el proverbio saharaui “El día tiene ojos y la noche tiene oídos”.

[2] Estudios saharianos, Madrid, Ediciones Júcar, 1990.

[3] Mohamed Salem Abdelfatah Ebnu, Jornada “Los espacios de la poesía”, Universidad Autónoma de Madrid, 2 de abril de 2003.

[4] Flor de la acacia, comestible, de olor y sabor muy agradables.

[5] Tipo de comida de cereales habitualmente consumida por los pastores en Mauritania y en el Sahara.

[6] Zizyphus lotus, fruto de color naranja de un arbusto del desierto llamado sder, de sabor agradable. Se come tanto verde como seco y es muy apreciado por los nómadas.

[7] Zona en la región sur del Sahara citada por los poetas de Tiris, escenario habitual del nomadismo de los beduinos.

[8] Juego de palabras, ya que semana en hasania suena igual que leones.