Teniendo en cuenta que cada país europeo tiene una relación diferente con el islam, sin duda la representación religiosa de los musulmanes será diversa y marcada por el pluralismo.
“Es necesario explicar nuestra religión, crear espacios de diálogo para que se llegue a su conocimiento y que no se convierta en algo folclórico, sino en un elemento con fundamento”.
Mientras que el islam como tradición religiosa se acomoda dentro de los marcos legales, los musulmanes como colectivo social despiertan recelos por sus comportamientos.
En un escenario preocupante, la extrema derecha moldea y alimenta la islamofobia, explotando la idea de que Europa está siendo asediada por un ‘otro’ invasor islámico.
En los medios europeos predomina una imagen negativa del islam. Los programas que podrían desmantelar las actitudes intolerantes siguen siendo una excepción.
Víctima de un uso perverso de su confesión religiosa, la juventud musulmana es el objeto preferido de la polémica sobre la relación de Europa con el islam.
Un sentimiento anti-islam se ha colado en los discursos públicos y mediáticos. Pero el temor al islam no es una ‘enfermedad incurable’, inherente al subconsciente colectivo europeo.
Los jóvenes descendientes de inmigrantes magrebíes tienen empleos de peor calidad y parecen sufrir una penalización relacionada con sus orígenes.
La fuerza del atractivo de Daesh puede interpretarse como un hecho religioso, un espacio de adquisición de recursos, un combate político o incluso una búsqueda de fraternidad.