El ataque a la planta gasista de In Amenas, en Argelia, ha mostrado que la gran frontera geopolítica de la energía para Europa sigue siendo la mediterránea.
La participación de los islamistas en la vida política se irá progresivamente normalizando y acabarán encontrándose con las mismas dificultades que los demás partidos.
“El control del norte del país por parte de grupos extremistas suponía ya un peligro de talibanización de los tuareg. Corríamos el riesgo de que se creara un ‘Yihadistán’ en el centro de África”.
Desde hace siete años se celebra la Muestra de Cine Árabe y Mediterráneo de Cataluña, una oportunidad de ver lo más destacado del cine árabe contemporáneo.
Existe una generación de jóvenes árabes de gran creatividad y con influencias variadas, locales e internacionales, iconos de la parte más rompedora de la sociedad árabe.
La perdurabilidad de estos acontecimientos exige un cambio de percepción en cuanto a su lugar en la escena artística.
Antes de las revueltas, los gobiernos desarrollaban estrategias para impedir a los trabajadores elegir libremente a sus representantes. Hoy la situación no ha cambiado.
Además de por solidaridad, la ayuda a Libia se debe a que los países occidentales conocen el riesgo de que este país árabe se convierta en un Estado fallido.
Los islamistas no proponen un cambio radical; creen que serán capaces de gestionar mejor la economía persiguiendo políticas de buena gobernanza.
Con el PP la continuidad ha sido la tónica. El desafío ahora es hacer frente a una región políticamente más plural e inestable y en la que Europa ha visto disminuida su influencia.