Un Islam social está surgiendo, alejado de la intervención directa en la política, con un nuevo proyecto de islamización, representado por los ‘nuevos predicadores’.
Entre obsesión y afirmación de principios, el debate sobre el velo está abierto, de Egipto a Argelia, y también en Europa.
En Marruecos surge con fuerza una industria de la moda creativa, apta para todos los gustos: para los fieles a las costumbres o los vanguardistas.
El debate se acalora en las familias, divididas entre la tentación de comprarse el sueño de su vida y el temor de faltar a una norma religiosa.
Túnez: aunque las autoridades han procurado, por razones políticas, que el ciudadano no acceda a los productos islamicos, éstos empiezan a entrar en el país.
Londres quiere posicionarse como la primera plaza mundial en banca islámica: los servicios bancarios para particulares son uno de los pilares de su estrategia.
Sólo hay 60 eruditos islámicos expertos en sistemas financieros.
“La industria financiera francesa puede crear sinergias entre las finanzas convencionales y las islámicas, para ofrecer alternativas interesantes a los inversores y a los fondos islámicos”.
Según Muhamad Yunus, los bancos islámicos deberían financiar las actividades de los más desfavorecidos a través de la microfinanciación, y contribuir así al desarrollo.
El sistema financiero islámico limita la deuda a favor de la inversión y propone una mayor implicación del capital en la economía real.