La destitución del general Mediène supone una vuelta a la supremacía de la presidencia sobre la institución militar.
Los vínculos entre el grupo Estado Islámico y Rusia pasan por la insurgencia del Cáucaso Norte que desafía la legitimidad rusa en la región.
La crisis migratoria es de hecho una crisis europea, no por el volumen de las llegadas, sino porque ha puesto de manifiesto una profunda división dentro de la Unión.
Movido por intereses militares y económicos, Moscú aprovecha la guerra civil siria para expandir su influencia a las costas mediterráneas de Oriente Próximo.
Las prioridades nacionales de Putin son la base de su estrategia global, pero sus percepciones de la intensidad de las amenazas determinan su pragmatismo en la región.
“La actual ola de violencia no está siendo dirigida ni por Hamás, ni por Al Fatah. Es fruto de la desesperación y de la frustración de la gente, que percibe que no hay ningún tipo de avance”.
“Hoy vivimos en democracia y nadie puede llevarnos de vuelta al régimen totalitario. Tenemos inestabilidad, tenemos tensiones, pero debemos resistir y salir adelante”.
Los intereses de Moscú no difieren tanto de Occidente: acepta la idea de una Siria pos-Al Assad, simplemente quiere garantizarse un lugar en ella.