Es necesario consolidar todos los derechos de la mujer en el marco de la Carta Magna y protegerlos de posibles retrocesos legislativos.
Para evitar la resistencia de sectores inmovilistas, es necesario clarificar la naturaleza del nuevo Estado y acelerar los cambios. Sobre todo no hay que cultivar el olvido del pasado.
Pese a la esperanza de las revueltas, la política internacional y sus reglas de juego cambian con mucha mayor lentitud.
El país se encuentra ante el desafío, inherente a la apertura del espacio público y a la democracia, de aunar los derechos adquiridos del pasado con los valores de la revolución.
Los vínculos entre Estado y religión, el lugar del ejército y la elección de un régimen presidencial o parlamentario, principales desafíos de la transición democrática.
Aunque la nueva Carta Magna no aporta muchos cambios, la caída de tabúes anuncia reajustes de la escena política. Éste es uno de los logros del Movimiento 20 de febrero.
Aunque es pronto para hacer conjeturas sobre el éxito de la transición, el momento para el debate constitucional ha llegado.