La interpretación del choque de civilizaciones contrasta con las tendencias a largo plazo de la presencia islámica en Europa: un movimiento gradual hacia la integración y formalización.
“El problema de Europa está en sí misma: estructura de toma de decisiones barroca, regreso del nacionalismo, falta de liderazgo… es una gran potencia económica que debe convertirse en una gran potencia política”.
Más de dos millones de personas acuden cada año a La Meca, lugar prohibido para los no musulmanes, para cumplir con el ‘Hayy’, uno de los cinco pilares del islam.
Los discursos públicos islámicos necesitan dar un giro ético, para reflejar mejor una aspiración a servir al bien público y no sólo al ‘bien musulmán’.
La presencia del islam en Europa no debe considerarse una afirmación identitaria, ni una venganza histórica. Debe ser distinto al de los países de origen.