Entrevista a Abir Butmeh, mujer, palestina y activista ecologista: “No hay justicia climática sin justicia de género”

Ibrahim Rifi

Periodista y politólogo

Abir Butmeh es una valiente mujer palestina de la ciudad de Nablus, ingeniera ambiental especializada en Agua por la Universidad de Ber Zeit, activista ecologista y actual coordinadora de la Red Palestina de Organizaciones Ecologistas, una red compuesta por catorce organizaciones que trabajan en favor del medio ambiente en Cisjordania y la Franja de Gaza. Esta red es miembro de la organización internacional Amigos de la Tierra desde el año 2008 y lleva a cabo diferentes campañas de incidencia política y denuncia, con el objetivo de influir en las políticas ambientales y la opinión pública palestina. Abir Butmeh lleva trabajando en este campo desde 2006, y ha participado en numerosos estudios y proyectos ambientales de ámbito local e internacional.

Ibrahim Rifi: ¿Cuáles son los proyectos principales en los que trabajáis actualmente en la Red Palestina de Organizaciones Ecologistas?

Abir Butmeh: Actualmente trabajamos en cuatro campañas principales: la lucha contra todo tipo de contaminación, la defensa de los derechos de la tierra, el agua y los recursos naturales, la transición energética y, por último, la protección de la biodiversidad. De manera transversal, documentamos y monitoreamos las agresiones israelíes al medio ambiente palestino para denunciar estas violaciones por diferentes vías. En cambio, la ejecución de proyectos de desarrollo de infraestructuras, como pozos o proyectos agrícolas, se basa en acciones más específicas de las organizaciones miembros de la red.

I.R.: ¿Cuáles son las principales emergencias ambientales en Palestina?

A.B.: Palestina está sufriendo el cambio climático de una manera muy visible. Así, en los últimos años hemos vivido grandes sequías debido al descenso de las precipitaciones. Cada año llueve menos y, en muchos casos, las lluvias son repentinas. En muy poco tiempo, caen grandes cantidades de agua con mucha violencia, lo que provoca enormes inundaciones que afectan a la calidad del suelo, que no consigue absorber de manera correcta el agua que necesita para los nutrientes ni para alimentar los pozos subterráneos. Otra realidad muy palpable es el desajuste en la temperatura entre la noche y el día, y el invierno y el verano. El verano es cada vez más largo y caluroso, y el invierno cada vez más frío y corto. Durante el día, las horas de sol son muy calurosas y, de noche, la temperatura baja muy de manera muy brusca. Todo ello afecta muy negativamente a la agricultura.

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